Si bien sus primeros
modelos fueron construidos en escalas que varían desde 1/72 hasta
1/10, y todos los modelos que pertenecen al Museo Naval y al Museo de
la Aviación Naval fueron realizados en escala 1/40, la escala elegida
por Guillermo hoy en día para su trabajo es 1/15, debido a que la
considera la más apropiada para lograr un súper-detallado en el tamaño
más pequeño posible.
Muchos de sus modelos poseen paneles removibles que permiten visualizar los motores, alojamientos de armamento e interiores, luces (navegación, posición, identificación, etc.) motores eléctricos para girar las hélices y, también, movimientos de alerones y timones, accionados desde la cabina a través de la palanca de mando y los pedales. Algunos modelos, como el F-4U “Corsair” y el F-6F “Hellcat” fueron construidos con las alas plegables.
Como el material
empleado para su construcción es el aluminio (en varios grosores y
tipos), y siendo este el material principal (en distintas aleaciones)
con el que fueron construidos la mayoría de esos aparatos, el acabado
es absolutamente realista; incluso, en algunos modelos ha utilizado
tela en las superficies que así lo requieren (timones, flaps, alerones,
etc.), y en otros, como el F-4U, también utilizó tela para el
recubrimiento de la parte posterior de las alas, ya que de esa manera
estaban construidas en las primeras versiones del avión real.
Resulta de gran interés caer en cuenta de los detalles que expresa el mismo Guillermo cuando nos llama a observar aquellos inherentes a la construcción de sus modelos versus las características de la realidad, como por ejemplo el hecho de que uno de los efectos más logrados al construir un modelo en aluminio, es el acabado similar a la superficie de un avión real por la ondulación producida en el metal debido al efecto del remachado contra los otros elementos (cuadernas, costillas, largueros).
En ese sentido,
Guillermo marca los remaches uno por uno, sin utilizar ruedas dentadas
o engranajes, de manera de tratar de imitar en lo posible la
terminación que tenían aquellos aparatos construidos en serie y a toda
prisa por gente no especializada.
También nos relata lo
ventajoso del uso del aluminio para la pintura "saltada", mostrando el
verdadero metal debajo, como la utilización de ciertas técnicas muy "reales"
tal lo es la de dejar varias semanas el modelo bajo el sol fuerte del
verano (cuidando las partes transparentes y las gomas), o la
utilización de fuego real en los caños de escape y bocas de
ametralladoras y cañones. Finalmente, nos explica que la pintura
también está aplicada siguiendo en lo posible el proceso real, ya que
por el tamaño de los modelos no es necesario aplicar el ''efecto
escala".
Otra característica por
demás impresionante son sus acabados en “metal finish”, propios de
muchos de los aparatos norteamericanos de la última parte de la
Segunda Guerra Mundial, como los bombarderos B-17 y B-25. La
diferencia de tonalidades en el metal sin pintar, tan evidente en esta
clase de modelos de Guillermo, es producto del distinto grosor y tipo
de metal utilizado en cada panel. Precisamente, en la construcción de
los mismos utiliza la misma técnica que la utilizada en la fabricación
real del avión, es decir, paneles individuales de distinto tipo de
aluminio, lo cual produce un acabado sumamente realista. Así las cosas,
en su B-17, por ejemplo, puede observarse que cada ''faja" en el
recubrimiento es un elemento separado (no simulado), la cual se halla
encimada sobre la faja anterior, siguiendo la típica técnica de la
casa Boeing.Los modelos de aviones en escala de Guillermo Rojas Bazán,
muchos de los cuales afortunadamente podemos disfrutar en imágenes en
su sitio personal
http://www.rojasbazan.com
o en la sección “Modelismo Aeronaval” de la galería fotográfica de
nuestro sitio, son considerados hoy día los mejores a nivel mundial en
su tipo por el United States Air Force Museum, la casa de subastas de
objetos de arte Christie's (Model Department), y la University of
Notre Dame (Aerospace and Mechanical Engineering), entre otros.
Ampliamente reconocido en todo el mundo, Guillermo no sólo es objeto de ejemplo para quienes tímidamente y sintiéndonos insignificantes a su lado incursionamos en el arte del modelismo a escala, sino también de admiración y orgullo por parte de toda clase de público. Arqueólogo e historiador aeronáutico, modelista, artista, amigo y profesional, nos recuerda una vez más esa capacidad siempre sorprendente que tiene nuestra querida tierra de exportar grandes talentos.

